Una red de recogida de bombillas trata de evitar la contaminación que producen

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Las bombillas de bajo consumo que se implantaron de forma generalizada en 2012 por una directiva de la UE, sustituyendo a las incandescentes, requieren un tratamiento especial por su contenido en mercurio.

Soria cuenta con 24 puntos de recogida de este tipo de lámparas,que no se pueden depositar en la basura común ni en los contenedores de vidrio, dado que el mercurio es un elemento químico tóxico para el medio ambiente y la salud humana. Se puede quedar expuesto a este elemento al comer pescado contaminado o usar productos que lo contienen.

La fuerte regulación de su uso se debe también a que su poder de contaminación de las aguas es muy elevado, por lo que está sometido a un tratamiento especial
De hecho, debido precisamente a estos efectos perniciosos, los usos industriales y comerciales se rigen en muchos países. La OMS ha establecido límites específicos de exposición ocupacional y considera que todo el mercurio se debe tratar como un riesgo laboral.

El contenido en mercurio de una bombilla de bajo consumo se libera en forma de vapores que pueden ser inhalados cuando una bombilla se rompe, por lo que se deben tomar una serie de medidas.

El contenido en mercurio de las bombillas de bajo consumo es de cinco miligramos por lámpara. En el marco de la UE está prevista su reducción anual hasta los 2,5 miligramos. Para dar una idea, el contenido de un termómetro de los que se prohibieron en 2009 en España era de 0,5 gramos. Sin embargo, la concentración de mercurio derivada de usos industriales y de la contaminación generada por este elemento es peligrosa para la salud. En Europa producir electricidad en centrales eléctricas con carbón provoca la emisión de mercurio al medio ambiente. Cerca de un tercio de la electricidad que se produce en Europa se produce con carbón.

El mercurio que se libera a la atmósfera, cuando entra en contacto con un cuerpo de agua, las bacterias naturalmente presentes lo absorben y lo convierten en metilmercurio. Los seres humanos absorben el metilmercurio fácilmente y son especialmente vulnerables a sus efectos.

Los peces predadores como los atunes grandes, el pez espada, el tiburón y la caballa pueden tener en sus cuerpos concentraciones 10 mil veces superiores a las del hábitat que los rodea.

Por eso, el reciclaje de este tipo de productos con mercurio se trata de una forma específica.

En España, la empresa Ambilamp tiene repartidos por todo el territorio nacional una serie de contenedores especiales para recoger este tipo de lámparas, que requieren un transporte y recogida específicos para evitar su rotura. Una vez en la planta se separan los metales que componen cada bombilla y se trata de forma adecuada.

Las bombillas de bajo consumo se recogen a través de los puntos limpios y de una serie de comercios y tiendas de iluminación donde se depositan en contenedores con dispositivos especiales para evitar que su transporte pueda suponer roturas.
La modificación de la ley para generalizar el uso de las bombillas de bajo consumo en la UE, pretendía obtener un ahorro del consumo eléctrico que suponen este tipo de lámparas.

Los defensores de estas bombillas, entre los que se encuentran asociaciones ecologistas, consideran el importante ahorro energético que suponen, lo que evita lanzar más emisiones contaminantes al medio ambiente. En el otro lado, el debate, que considera que el mercurio contenido en estas bombillas hace muy difícil el reciclaje y por lo tanto genera más contaminación, por lo que no supone una auténtica alternativa limpia.

Fuente: Heraldo